Si o No: Un acto de reconciliacion


Un escenario especial estamos viviendo en el país luego del pronunciamiento
de las autoridades electorales; como nunca, esta ha sido una decisión
acertada, este solo hecho ha proporcionado a la sociedad civil una esperanza
de convivencia, una luz hacia la reconciliación entre todos los que
habitamos este país, una oportunidad de caminar en paz; oportunidad esta que
no debemos desaprovechar; por el contrario todos y cada uno de nosotros
tenemos que empezar un proceso interno de sanación, sólo así podremos
mostrar a nuestros semejantes que, indistintamente de su forma de pensar,
los vemos como hermanos, como hijos de una misma tierra y coprotagonistas de
una misma historia.

En estos años hemos aprendido muchas cosas, entre ellas tenemos: no permitir
que nadie decida por nosotros, pues somos responsables por lo bueno o malo
que le suceda a nuestra patria; el odio y la división sólo nos debilitan y
empobrecen como seres humanos, como pueblo.

El pasado es el mejor maestro del presente y del futuro, procuremos ser
consecuentes con esas enseñanzas, tratando de no tropezar nuevamente con la
misma piedra, repitiendo los errores que nos han llevado a donde hemos
estado:
divididos y llenos de amargura y con gran desorden social y económico.

Quien nunca se ha caído, no sabe cómo levantarse, nosotros tenemos el deber
de levantarnos, por ello tenemos que perdonar, ser factor de unión,
convertirnos en puentes, crear canales, vías de comunicación con aquellos
que no piensan como nosotros, tenemos que dejar a un lado el peso del
pasado, para que la carga sea más ligera y podamos levantarnos con más
facilidad; el pasado, como dije, es un maestro, no se debe olvidar, pero
esto no significa de ninguna manera que tengamos que vivir en él. El futuro
se construye hoy y hoy es el pasado de mañana, lo bueno o malo que hagamos
hoy podremos repetirlo o rectificarlo en el mañana.

Recordemos la Oración de San Francisco y convirtámonos en instrumentos de
paz, sólo así tendremos en el futuro ese país que tanto anhelamos,
recuperemos el gentilicio de nuestro país, ese gentilicio por el cual se nos
conoce: solidarios, hospitalarios, alegres, en una sola expresión: “buena
gente”.

Un alto porcentaje de la sociedad civil venezolana ha venido luchando y
pidiendo un cambio de rumbo en el país; otra parte de esta sociedad parece
estar conforme con el rumbo que este lleva hasta ahora; pues bien, siendo
una sociedad democrática, la Constitución nos permite resolver esta
diferencia de visión de una manera civilizada y en paz.

¡Vamos a contarnos!
Contarnos, no para buscar nuestra victoria, ni buscando un interés
particular, sino para que el destino de Venezuela sea decidido por el
criterio de la mayoría de sus hijos y para el beneficio de todos; tanto los
del Sí como los del No.

Debemos comprender y aceptar que tanto los que queremos un cambio como los
que no lo quieren, creemos tener la razón, todos nos sentimos portadores de
la verdad, por lo que es bueno que tengamos claro que la verdad no es
propiedad de nadie y sólo nos acercamos a esta, cuando buscamos el bien
común y nos alejamos del interés particular.

Un largo camino nos espera por recorrer, Venezuela necesita de todos sus
hijos, es mucho lo que tenemos que construir, nadie lo hará por nosotros,
debemos trabajar duro haciendo cada uno de nosotros nuestro mejor esfuerzo,
poniendo nuestro granito de arena para que sea posible convivir en paz,
debemos empezar hoy, de manera tal que cuando llegue el momento de contarnos
lo hagamos como hermanos, respetándonos mutuamente.

Cuando llegue el momento todos debemos acudir a ejercer nuestro derecho a
cumplir nuestro deber; expresarnos por un Sí o por un No, pero expresarnos,
hagamos de este acto un Día de Reconciliación Nacional”. No permitamos que
algún interés particular lo enturbie, convirtámonos en protectores y
constructores de nuestro propio destino, es el mejor legado que podemos
dejar a las generaciones venideras.

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